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La ubicuidad de la imagen

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¿Una resistencia no minoritaria?

El debate se vuelve cada vez más difícil, pues estamos de acuerdo en lo esencial. Quedan algunos puntos para precisar.

Como, contrariamente a Joan, yo no produzco imágenes, no sé juzgar, hoy, incluso si aprecio -es más que eso…- su trabajo y sus propuestas, hasta qué punto pueden ser un modo de resistencia a la imaginería dominante. Todo depende de su difusión y no de su naturaleza. Sueño: inventemos una red de transmisión de imágenes, en Internet, que venga a condenar, perturbar, todas las convenciones, clichés, estereotipos y manipulaciones que nos arrastran a diario. Pero ¿dónde encontrar los medios?

Radu tiene razón cuando dice que el terrorismo no es la solución: la mejor prueba es que cuando los talibanes destruyeron los Budas de Bamiyan, borrando -de la historia, de la humanidad- objetos únicos y sublimes, fabricaron, voluntariamente o no, una nueva imagen: la que atestiguaba su crimen. Sería interesante comparar esto con el hecho de que toda vídeo-”intervención” mediática de Bin Laden es un acontecimiento… Toma, hace mucho tiempo que no se ha manifestado en imágenes. ¿Qué prepara en “verdad”? ¿Un ataque contra los TGV?

Una de las cuestiones que subyacen en nuestro común rechazo a la imaginería dominante y debilitante es el cómo hacerlo. Aunque no son siempre convincentes, las tentativas de inscribir en el espacio urbano imágenes que luchan contra los espacios publicitarios -los ocupan, los esquivan, los corrompen-, tienen un sentido. Al menos el de interrogar, el de molestar. Pienso en el joven francés JR: www.jr-art.net/

Pero creo que tenemos que asumir que estamos condenados a ser minoritarios. Porque no tenemos medio alguno para hacer explotar el sistema o para perturbarlo desde el interior. El caso de Matthias que cita Radu es realmente interesante. Su trabajo es notable y no encuentra -no encontrará- los espacios de difusión que merece porque pone en duda el sistema. Debemos tomar nota de ello.

En la historia de las imágenes, desde hace siglos, cada nueva modalidad de representación se ha referido, en desacuerdo o no, a la que la ha precedido. Hace unos quince años, Paul Virilio delimitaba el campo de las imágenes entre “imagen mental” (el sueño) e “imagen instrumental” (todo aquello que hoy conocemos de lo virtual, de las ilusiones, del 3D). Hoy, sustituidos por el mercado del arte, han aparecido algunos neopictorialismos y dominan, entre otros, junto al gran formato en color del tipo “cuadro”. Lo que no significa que tengamos que tirarlo todo con el agua del baño. Pero…

La cuestión de la rapidez (Virilio aún), y por lo tanto de la noción del tiempo, del cambio de temporalidad entre fotografía e imagen digital, es esencial. Pasamos de la cristalización de la memoria al flujo y, más allá, a la evanescencia. En la historia del hombre, nunca tantas imágenes han sido producidas al mismo tiempo, nunca han circulado tantas imágenes. Y a la vez, nunca tantas imágenes han sido destruidas tan rápidamente tras su creación. Lo que nos remite a mis problemáticas sobre la memoria, problemáticas que empiezan con datos técnicos (la pobre duración de fiabilidad de los soportes disco, a penas unos años) y prosiguen con el hecho según el cual la idea de que “toda” la información sea “inmediatamente” accesible supone que cada información, como cada imagen, expulsa y niega la precedente.

Estamos muy lejos de la caverna de Platón y estamos efectivamente en la “alucinación”. ¿Cómo hacer saber hoy que hay muy pocas imágenes sobre la sangrienta represión en el Tíbet? ¿Y cómo luchar contra la convención icónica de las pocas que nos han llegado y que repiten los estereotipos de las manifestaciones, de las banderas quemadas, de las calles desoladas y devastadas que habrían podido ser tomadas en otro lugar y en otro tiempo? La fotografía ha servido para denunciar, para hacer tomar conciencia, para movilizar. Pero ¿hoy?

No puedo hacer otra cosa que estar de acuerdo con dos puntos de vista expresados aquí. El que afirma que toda imagen contemporánea se construye en referencia a imágenes pre-existentes (es por eso que las re-conocemos) y que confirma mi convicción que las imágenes se han vuelto un elemento constitutivo de nuestra sociedad. Y, como llevo diciendo desde hace años, el hecho de que el déficit en la enseñanza ha producido una sociedad de analfabetos que no pueden sino soportar las imágenes que los manipulan.

No tengo solución en lo que se refiere a las imágenes alternativas y a su difusión o impacto, pero estoy convencido que la base, la verdadera apuesta, es una elección, de tipo político, que desde los primeros años de edad, escogería enseñar a los niños el alfabeto de las imágenes, como se les enseña el de las letras y las palabras.


Una producció de KRTU, dins del marc SCAN 2008