Menú llengües


La ubicuidad de la imagen

Diálogo


Pàgines


Arxiu de l'etiqueta ‘pedagogia’

Síndrome de Sísifo

Estoy totalmente de acuerdo con Joan. Incluso sobre nuestras responsabilidades -que asumo absolutamente- en nuestro fracaso, desde hace treinta años, para conseguir imponer una pedagogía de la imagen desde los primeros años de escuela. Tengo que añadir que, aunque adoro enseñar y que mis estudiantes -privilegiados- son apasionantes, excepcionales, dinámicos, a veces tengo dudas: ¿cuál es el sentido profundo de una enseñanza que forme a los fotógrafos en un momento en que hay demasiados fotógrafos profesionales y que todo el mundo produce y hace circular imágenes? Indudablemente, el de darles acceso a herramientas de conocimiento de la historia de la imagen y ayudarles a comprender la necesidad del pensamiento crítico en el proceso de elaboración de sus proyectos. Y funciona bastante bien, incluso siendo una pequeñísima minoría.

Es evidente que, en una época en que los créditos atribuidos a la cultura y a la educación sufren globalmente una remarcable regresión, en un momento en que los flujos financieros -que acarrean el flujo de las imágenes- se concentran cada vez más en la comunicación, el consumo y la diversión, la parada no es simple y la guerrilla difícil de estructurar.

La anterior propuesta sobre el espacio público podría ser un elemento de ayuda, pero tiene que hacerse de manera compleja, enriquecido con una acción realmente pedagógica.

No es exactamente entrismo -disculpa Radu…- pero creo que deberíamos intentar avanzar en nuestra capacidad de utilizar el instrumento, los instrumentos del “enemigo”. Por haber intentado durante años imponer a las televisiones usos de redacción de la fotografía, por haber desarrollado programas (muy minoritarios -como ARTE) que trataban sobre la imagen, soy consciente que, definitivamente minoritarios, estamos marcados por el síndrome de Sísifo…

Sin embargo -una prueba de que continuo optimista- me pregunto si no podríamos inventar, en Internet, una web dedicada a la pedagogía de la imagen, que enlace con webs que nos parecen interesantes, que sea un instrumento para los profesores, un lugar de conocimiento -incluso superficial- para los más jóvenes. Creo que podemos imaginarlo como algo a la vez serio y lúdico. Una manera de considerar la Tela como un contrapoder…

A lo mejor es porque la luz está volviendo con la primavera que se anuncia.

The People have the power” Patti Smith.

Ilusiones y errores

No tengo ningún problema con las opiniones de Joan o Radu y simpatizo más con Joan citando con Gramsci lo que ha habido de más inteligente, abierto e innovador, libre también, en el pensamiento del comunismo europeo. Es más mi modo de pensar, incluso si conozco los límites, que no la referencia al entrismo trotskista, contra el cual me levanté hace treinta años… Quien “entra” no gana nunca, me temo.

Pienso simplemente que hemos sido a la vez cómplices y víctimas consentidores del sistema. Hemos querido luchar contra las ideologías dominantes que se manifestaban a través de imágenes. Lo hicimos creando imágenes alternativas (Joan), escribiendo y editando (yo), enseñando de manera radical y teorizando (Radu). Hemos sido a la vez actores, cómplices, críticos y motores de todos esos movimientos que han agitado una imagen que ya no sabía dónde estaba. Tenemos nuestras responsabilidades, nuestras irresponsabilidades también, aunque no creo que seamos los peores… Aún reivindico el derecho a nuestras ilusiones y errores.

Puesto que estamos de acuerdo sobre la necesidad de acciones que llegarían a un mayor número de gente, espero que se cuelgue en la red mi provocación -una pequeña provocación…- sobre la necesidad de tener en cuenta el espacio público. De torcerlo, de pervertirlo quizá.

La necesidad de la pedagogía, sobre la que los tres estamos de acuerdo, me remite a una triste experiencia. En 1982, cuando Jack Lang era Ministro de Cultura en Francia, una decena de nosotros hicimos muchas reuniones para elabora lo que llamábamos “una política de aprendizaje de la imagen en la escuela”. El resultado fueron dossiers, informes -sin duda enterrados en cajones- y la creación efímera -pues hoy se replantea- de categorías especializadas en “artes visuales”. Una manera de negar la necesidad de dar a conocer a los más jóvenes la historia de las imágenes.

Más allá de la propuesta excesiva de la presencia de la imagen en el espacio público, sin otra función que su presencia, me pregunto si no deberíamos ser capaces de inventar una modalidad pedagógica en Internet.

Fabricantes de imagen

La observación de Joan me parece esencial. El borrar la distinción clara entre productores y consumidores de imágenes cambia los datos. Lo que caracteriza la situación actual no es sólo l a globalización, con la normalización y la uniformización de las imágenes, sino un nuevo equilibrio, de momento, es cierto, bastante inestable. Con las nuevas tecnologías, la bajada de precios de las cámaras fotográficas digitales y la proliferación de los teléfonos móviles, todo el mundo puede hacer imágenes. Con la aparición de webs como Flikr, que se ha enriquecido de 3739 imágenes durante el último minuto o You Tube, todo el mundo puede difundir imágenes a escala planetaria. A la ubicuidad de la imagen le corresponde la ubicuidad de los fabricantes de imágenes. ¡El sistema ya no tiene el monopolio!

Pero, de momento, lo que reina, es la confusión. Desorientados por una evolución que para muchos ha sido demasiado rápida, muchos profesionales han tenido timoratos reflejos corporativistas y no buscan otra cosa que encadenar un mercado que ya no controlan. Desconcertadas, ciertas escuelas que forman profesionales de la imagen se refugian a menudo en un tecnicismo retrógrada. Abandonada, la enseñanza pública no llega a adaptarse a una civilización de la imagen y queda prisionera de un sistema prácticamente estructurado sólo alrededor de la escritura. En tanto que consumidores, los alumnos se hallan bajo un torbellino de imágenes que toman con frecuencia en su primer grado a falta de no poder descodificarlas, y en tanto que productores se encuentran con herramientas de las que sólo tienen -en el mejor de los casos- un dominio técnico, sin ninguna verdadera reflexión sobre los contenidos. Todo el mundo parece haber olvidado la famosa frase de Moholy-Nagy que decía que “el analfabeto del futuro no será el iletrado sino el ignorante en materia de fotografía”. ¡Substituyamos la palabra “fotografía” por aquella, más general, de imagen y enviemos el mensaje a los que deciden sobre pedagogía!

Por una nueva pedagogía

Me viene a la cabeza una cita de Gramsci citando a Romain Rolland que quizá sintetiza el temple de los últimos comentarios que estamos haciendo: “Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”. Podríamos pues dejar aquí esta línea discursiva y embarcarnos hacia otras direcciones.

Fijémonos en que términos como “analfabetismo”, “formación”, “escolaridad” o “alumnos” han chispeado las diferentes intervenciones. Esto nos conduce a un tema crucial que es el de la enseñanza y la sensibilización. Los tres hemos estado involucrados con mucha intensidad en tareas docentes y divulgativas. Por lo tanto, dos cosas. Primero, no basta con criticar el estado actual de la cultura de la imagen; también tenemos que ser autocríticos con nosotros mismos en tanto que somos, en cierta manera, agentes activos de esta cultura y por lo tanto co-responsables de su situación. Podemos analizar qué parte alícuota de responsabilidad nos pertenece, probablemente escasa considerando el entramado de poderes y circunstancias, pero no me parece que sea intelectualmente aceptable presentarnos como meros outsiders, como observadores externos y alejados. Segundo, démosle la vuelta al mismo argumento: estamos en una posición privilegiada para intervenir en la situación, o al menos en su futuro, porque precisamente una de nuestras funciones es la de contribuir a modelar el espíritu de los fotógrafos y de los públicos, es decir, tanto de los productores de imágenes como de los consumidores de imágenes.

Tradicionalmente las metodologías didácticas se han estructurado de forma diferente según se dirigieran a uno o a otros. Parecía lógico que fuera así porque no sólo los dispositivos conceptuales de escritura o de lectura eran diferentes sino también porque de unos se esperaba una actitud activa y de los otros una actitud más bien pasiva. Pero esto no es así, y en cambio tengo la impresión que los programas de los centros docentes y expositivos, de las publicaciones especializadas y de la crítica canónica sigue insistiendo en la rutina de aquella dicotomía obsoleta. Hoy todos somos productores y consumidores a la vez, y la indiferenciación de estos roles exige una agenda pedagógica radicalmente nueva.

Un breve artículo de Alasdair Foster, director del ACP (Australian Centre for Photography) de Sydney, lo explica de una manera muy gráfica (http://www.zonezero.com/editorial/editorial.html). Foster compara la reforma que tiene lugar actualmente en el mundo de la imagen con la Reforma Protestante que sacudió el Cristianismo en el siglo XVI. En la iglesia católica el ministerio de la fe está reservado a una oligarquía de “profesionales” (los miembros del clero, la clase sacerdotal); en cambio Lucero y sus seguidores proponían “desprofesionalizar” el ministerio liberalizando la interpretación de las Sagradas Escrituras según la conciencia personal. Un pastor protestante puede ser un experto, pero su conocimiento está al servicio de la comunidad sin ejercer una autoridad sobre ella, de manera que un laico también puede hacer un sermón a su congregación. En el mundo del arte, de la fotografía y de la comunicación visual en general esto también está pasando. La distancia jerárquica entre los profesionales y el público tiende a disminuir, incluso a desparecer por completo, de manera que las posiciones se han vuelto intercambiables.

La imagen es hoy ubicua porque todos hacemos o comemos fotografías, todos generamos y recibimos información gráfica, más allá del sentido que le sepamos impregnar. ¿Cómo afrontar, pues, desde una pedagogía consecuente, esta nueva realidad?


Una producció de KRTU, dins del marc SCAN 2008