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La ubicuidad de la imagen

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La ceguera más absoluta

Como el mismo Radu, uno de nuestros interlocutores que se identifica como Juan nos envió un post el 25 de marzo donde mencionaba la famosa sentencia de Moholy-Nagy de que los analfabetos del futuro serán aquéllos que desconozcan la fotografía. Juan citaba también la “sociedad líquida” de Bauman, la “sociedad del riesgo” de Ulrich Beck, la sociedad del “nuevo capitalismo” de Richard Sennett, la “sociedad kleenex” de Lipovetsky, el “mundo digital” de Negroponte, la “sociedad-red” de Manuel Castells… Se podría añadir también el “capitalismo de ficción” preconizado por Vicente Verdú, donde las imágenes, en tanto que generadoras de ficción, son los bienes más preciados. Sobre este esquema yo diría que el primer paso para una didáctica de la fotografía fue enseñar a “escribirla”; el segundo sería enseñar a “leerla”. Aún no se ha acabado esta frase, es decir, nos encontramos en el futuro lleno de iletrados preconizado por Moholy-Nagy pero con el agravante de una nueva circunstancia: hoy lo que da sentido a las imágenes es su proliferación y circulación, o sea, justamente el nuevo escenario de la comunicación que estamos debatiendo aquí. Ya no basta con saber descodificar las fotografías según parámetros históricos, estéticos, semióticos, e incluso, ideológicos: hoy prevalecen los usos económicos y políticos de la imagen.

En el momento de redactar estas líneas estoy atravesando el desierto de Sonora, en Arizona. Por desgracia no es un viaje de placer sino profesional, motivado por una serie de actividades en universidades de Phoenix y Tucson, que incluyen encuentros con estudiantes de los programas de graduación de fotografía. Por cierto, que mientras hago la travesía entre las dos ciudades disfruto de unos paisajes de resonancias icónicas y me pasan por la cabeza tanto los déjà-vus de muchas secuencias de westerns clásicos como muchos de los fotógrafos que, como Timothy O’Sullivan, exploraron el oeste norteamericano. Revivo pues en mi propia piel el fenómeno contemporáneo de la imagen precediendo a la experiencia, ilustrando lo que ya hemos hablado aquí. Pues bien, conocí a estudiantes espabilados, con profesores competentes e instalaciones envidiables, que podían presumir de trabajos realizados con una impecable factura técnica y plástica, algunos incluso resultaban conceptualmente potentes, a menudo con tímidas justificaciones programáticas o éticas; pero por regla general eran incapaces de explicar por qué hacían esas imágenes, qué efectos esperaban provocar, qué estrategias de difusión habían concebido… Sencillamente hacían imágenes, y punto. La creatividad y el esfuerzo intelectual se concentraban en las imágenes pero en imágenes completamente aisladas del mundo y sus entresijos, como si las imágenes no tuvieran vida propia más allá de la escuela de arte, o dicho de una manera más dolorosa, como si las imágenes estuvieran destinadas a ser meros ejercicios de estilo. Pero ¿estilo de qué? Pues de la ceguera más absoluta. Porque tal y como venimos insistiendo, hoy el trasfondo importante de la creación pasa por incidir en los problemas de la circulación, en el trayecto que se establece entre autor y público, en unos contextos, repito, económicos y políticos donde autor y público quedan reducidos a meros comparsas. Si los estudiantes, o sea, los futuros profesionales de la imagen, descuidan este factor, estamos perdidos. Cuidado: sin que eso implique descartar las acciones que haga falta establecer hacia el público en general.

Pero me congratulo de que después de los diagnósticos lleguen propuestas de acción como las de Christian. La frase de Moholy-Nagy habría que ampliarla diciendo que los analfabetos del futuro serán aquéllos que queden al margen de los ordenadores e Internet. Cuando hablo del trayecto entre productores y consumidores, ordenadores e Internet constituyen el meollo de cualquier opción que dentro de un determinado margen de libertad y operatividad pretenda concienciación y reacciones colectivas. Más allá de las actitudes y las intenciones, ordenadores e Internet conforman las principales herramientas para responder al stablishment político y mediático. Hay que hacer un esfuerzo, pues, para aprender a utilizarlas con diligencia.

Síndrome de Sísifo

Estoy totalmente de acuerdo con Joan. Incluso sobre nuestras responsabilidades -que asumo absolutamente- en nuestro fracaso, desde hace treinta años, para conseguir imponer una pedagogía de la imagen desde los primeros años de escuela. Tengo que añadir que, aunque adoro enseñar y que mis estudiantes -privilegiados- son apasionantes, excepcionales, dinámicos, a veces tengo dudas: ¿cuál es el sentido profundo de una enseñanza que forme a los fotógrafos en un momento en que hay demasiados fotógrafos profesionales y que todo el mundo produce y hace circular imágenes? Indudablemente, el de darles acceso a herramientas de conocimiento de la historia de la imagen y ayudarles a comprender la necesidad del pensamiento crítico en el proceso de elaboración de sus proyectos. Y funciona bastante bien, incluso siendo una pequeñísima minoría.

Es evidente que, en una época en que los créditos atribuidos a la cultura y a la educación sufren globalmente una remarcable regresión, en un momento en que los flujos financieros -que acarrean el flujo de las imágenes- se concentran cada vez más en la comunicación, el consumo y la diversión, la parada no es simple y la guerrilla difícil de estructurar.

La anterior propuesta sobre el espacio público podría ser un elemento de ayuda, pero tiene que hacerse de manera compleja, enriquecido con una acción realmente pedagógica.

No es exactamente entrismo -disculpa Radu…- pero creo que deberíamos intentar avanzar en nuestra capacidad de utilizar el instrumento, los instrumentos del “enemigo”. Por haber intentado durante años imponer a las televisiones usos de redacción de la fotografía, por haber desarrollado programas (muy minoritarios -como ARTE) que trataban sobre la imagen, soy consciente que, definitivamente minoritarios, estamos marcados por el síndrome de Sísifo…

Sin embargo -una prueba de que continuo optimista- me pregunto si no podríamos inventar, en Internet, una web dedicada a la pedagogía de la imagen, que enlace con webs que nos parecen interesantes, que sea un instrumento para los profesores, un lugar de conocimiento -incluso superficial- para los más jóvenes. Creo que podemos imaginarlo como algo a la vez serio y lúdico. Una manera de considerar la Tela como un contrapoder…

A lo mejor es porque la luz está volviendo con la primavera que se anuncia.

The People have the power” Patti Smith.

¡Seamos optimistas!

Joan tiene razón cuando dice que mi tono es pesimista… A lo mejor es por la época, que no es muy divertida, tanto desde el punto de vista político como de los movimientos globales, económicos o estéticos, del mercado dominante, de la mediocridad triunfante, del consumo reemplazando al conocimiento, de la comunicación sustituyendo la información, que conllevan esto.

Gracias por pensar que desde hace treinta años he efectivamente logrado, en el terreno de la imagen, un cierto número de actos, de apariciones, de perturbación de la rutina que se está instalando. Va en paralelo, en cierta manera, con lo que Joan ha producido como artista. Ha habido, desde el principio, una resistencia a las normas para señalar el juego de las imágenes, su apropiación por parte de los observadores. Treinta años es un poco largo y aún me es difícil oír redactores jefe de revistas prestigiosas que, al no querer pagar el precio que cuesta la producción de las imágenes, nos dicen: “Es magnífico, pero no es para nuestros lectores”. Añadirían con mucho gusto: ¡”Nuestros lectores no lo entenderían”!

¡Pero soy optimista! La prueba está en que escribo cada semana una columna y que hago publicar algunos portafolios en Internazionale, en Italia. O que “publico”, en Internet (http://www.actuphoto.com/), un inverosímil diálogo y diario con el fotógrafo chino Aniu, quien me envía cada día un autorretrato al que yo reacciono con un texto. O que participo en este diálogo. O que, además, enseño a gente joven brillante, que doy conferencias, monto exposiciones, organizo libros.

Soy optimista porque continuo haciendo cosas, agitando ideas e imágenes, escribiendo para intentar pensar lo que nos pasa mientras que nos encontramos en este torbellino de “visuales” que nos asedian. 

No soy un creador de imágenes, sólo un “intermediario” entre los que las hacen y los que las reciben. Mi única y verdadera razón de ser optimista es la de constatar que, hoy, muchos jóvenes continúan teniendo el deseo de trabajar con la fotografía sobre el estado del mundo en el que viven. No sólo me descubren cosas, sino que testimonian de una voluntad de cambiar el mundo, incluso si son conscientes de que la fotografía sola no podrá conseguirlo.

Son una propuesta para el futuro, tanto cuando documentan (vayan a ver los últimos trabajos de los tres ganadores del World Press Photo de la Agence Vu’ en http://www.agencevu.com/, ejemplares; así como otros que no han tenido premio, como Steeve Junker o Kosuke), como cuando los artistas utilizan las imágenes (como Joan por ejemplo) para tomar partido sobre las cuestiones planetarias. Sobre el terrorismo, por ejemplo. Impertinencia y escarnio toman tanto sentido como exploración periodística.

¡Son ellos, creadores en modalidades diferentes, quienes me obligan a ser optimista!

También es verdad que su difusión es limitada, que no se puede comparar con los gigantes de la transmisión. A lo mejor no es grave. 

Quedan dos cuestiones esenciales: ¿Cómo podemos imponer una formación en la lectura de la imagen desde los primeros años de escolaridad y qué somos capaces de inventar, en Internet, como resistencia a la imaginería dominante?

Un guerrillero, incluso si se equivoca, es forzosamente optimista. Y yo me siento, más que nunca, guerrillero.

Entrismo y piolet…

Estoy, evidentemente, globalmente de acuerdo con las observaciones de Radu. Pero soy menos optimista que él, cosa que no significa que me resigne… Sobre todo porque siempre he intentado sacar adelante esta “guerrilla” contra la imaginería dominante, los clichés y los estereotipos.

El hecho de que en Libération, entre 1981 y 1986, publicásemos de manera atípica autores tan diferentes como Raymond Depardon o Sophie Calle, que pusiéramos en crisis la modalidad del retrato o de la imaginería de moda, encontró una adhesión de lectores. El hecho de que l’Agence VU, y luego la galería, durante veinte años, haya difundido, publicado, expuesto y hecho circular puntos de vista no convencionales es una contribución a esta resistencia al flujo normalizado y dominante. Exactamente como la publicación, esta semana, en el semanario Internazionale de un portafolio dedicado al trabajo de la artista hindú Dayanita Singh.

Pero nunca me convenció la estrategia trotskista (era más bien maoísta…) que fue una ilusión trágicamente concluida por un golpe de piolet.

Como no tenemos ningún medio de acción real, o de intervención, sobre los vectores dominantes de la imagen que están controlados por poderes financieros cada vez más enormes y concentrados, tengo la impresión que estamos condenados a permanecer minoritarios.

Quizá tenemos que aceptarlo, continuar resistiendo y, lo más importante de todo, continuar reivindicando la formación, la enseñanza de la lectura y del conocimiento de la imagen. Para que haya menos analfabetos visuales.

¿Una resistencia no minoritaria?

El debate se vuelve cada vez más difícil, pues estamos de acuerdo en lo esencial. Quedan algunos puntos para precisar.

Como, contrariamente a Joan, yo no produzco imágenes, no sé juzgar, hoy, incluso si aprecio -es más que eso…- su trabajo y sus propuestas, hasta qué punto pueden ser un modo de resistencia a la imaginería dominante. Todo depende de su difusión y no de su naturaleza. Sueño: inventemos una red de transmisión de imágenes, en Internet, que venga a condenar, perturbar, todas las convenciones, clichés, estereotipos y manipulaciones que nos arrastran a diario. Pero ¿dónde encontrar los medios?

Radu tiene razón cuando dice que el terrorismo no es la solución: la mejor prueba es que cuando los talibanes destruyeron los Budas de Bamiyan, borrando -de la historia, de la humanidad- objetos únicos y sublimes, fabricaron, voluntariamente o no, una nueva imagen: la que atestiguaba su crimen. Sería interesante comparar esto con el hecho de que toda vídeo-”intervención” mediática de Bin Laden es un acontecimiento… Toma, hace mucho tiempo que no se ha manifestado en imágenes. ¿Qué prepara en “verdad”? ¿Un ataque contra los TGV?

Una de las cuestiones que subyacen en nuestro común rechazo a la imaginería dominante y debilitante es el cómo hacerlo. Aunque no son siempre convincentes, las tentativas de inscribir en el espacio urbano imágenes que luchan contra los espacios publicitarios -los ocupan, los esquivan, los corrompen-, tienen un sentido. Al menos el de interrogar, el de molestar. Pienso en el joven francés JR: www.jr-art.net/

Pero creo que tenemos que asumir que estamos condenados a ser minoritarios. Porque no tenemos medio alguno para hacer explotar el sistema o para perturbarlo desde el interior. El caso de Matthias que cita Radu es realmente interesante. Su trabajo es notable y no encuentra -no encontrará- los espacios de difusión que merece porque pone en duda el sistema. Debemos tomar nota de ello.

En la historia de las imágenes, desde hace siglos, cada nueva modalidad de representación se ha referido, en desacuerdo o no, a la que la ha precedido. Hace unos quince años, Paul Virilio delimitaba el campo de las imágenes entre “imagen mental” (el sueño) e “imagen instrumental” (todo aquello que hoy conocemos de lo virtual, de las ilusiones, del 3D). Hoy, sustituidos por el mercado del arte, han aparecido algunos neopictorialismos y dominan, entre otros, junto al gran formato en color del tipo “cuadro”. Lo que no significa que tengamos que tirarlo todo con el agua del baño. Pero…

La cuestión de la rapidez (Virilio aún), y por lo tanto de la noción del tiempo, del cambio de temporalidad entre fotografía e imagen digital, es esencial. Pasamos de la cristalización de la memoria al flujo y, más allá, a la evanescencia. En la historia del hombre, nunca tantas imágenes han sido producidas al mismo tiempo, nunca han circulado tantas imágenes. Y a la vez, nunca tantas imágenes han sido destruidas tan rápidamente tras su creación. Lo que nos remite a mis problemáticas sobre la memoria, problemáticas que empiezan con datos técnicos (la pobre duración de fiabilidad de los soportes disco, a penas unos años) y prosiguen con el hecho según el cual la idea de que “toda” la información sea “inmediatamente” accesible supone que cada información, como cada imagen, expulsa y niega la precedente.

Estamos muy lejos de la caverna de Platón y estamos efectivamente en la “alucinación”. ¿Cómo hacer saber hoy que hay muy pocas imágenes sobre la sangrienta represión en el Tíbet? ¿Y cómo luchar contra la convención icónica de las pocas que nos han llegado y que repiten los estereotipos de las manifestaciones, de las banderas quemadas, de las calles desoladas y devastadas que habrían podido ser tomadas en otro lugar y en otro tiempo? La fotografía ha servido para denunciar, para hacer tomar conciencia, para movilizar. Pero ¿hoy?

No puedo hacer otra cosa que estar de acuerdo con dos puntos de vista expresados aquí. El que afirma que toda imagen contemporánea se construye en referencia a imágenes pre-existentes (es por eso que las re-conocemos) y que confirma mi convicción que las imágenes se han vuelto un elemento constitutivo de nuestra sociedad. Y, como llevo diciendo desde hace años, el hecho de que el déficit en la enseñanza ha producido una sociedad de analfabetos que no pueden sino soportar las imágenes que los manipulan.

No tengo solución en lo que se refiere a las imágenes alternativas y a su difusión o impacto, pero estoy convencido que la base, la verdadera apuesta, es una elección, de tipo político, que desde los primeros años de edad, escogería enseñar a los niños el alfabeto de las imágenes, como se les enseña el de las letras y las palabras.


Una producció de KRTU, dins del marc SCAN 2008