- Mariona Fernández
- General | 27.02.08 | 17.35
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Cuando en la noche de los tiempos las imágenes se desprendieron de los muros de las grutas y los templos y se proclamaron independientes, iniciaron un largo camino que las llevaría a cruzar la necesaria era de la reproductibilidad para alcanzar lo que no pudo conseguir el objeto: la ubicuidad. Quizás nadie podía imaginar entonces que para que esto llegara a su cenit debía conseguirse primero ser intangible, que en este largo camino a la independencia llegaríamos a olvidar que la imagen un día fue, ella misma, objeto. Y con dolor o sin él, la reproducción tendría que desprenderse también de quien la soportó durante años y adherirse, como la palabra se adhiere a toda boca, a cualquier superficie numérica.Del mismo modo que la reproducción llevaba implícita la contemporaneidad, ambos conceptos podían hacer intuir la presente ubicuidad de la imagen. El don de la ubicuidad pasaba por la reproducción, primer paso hacia su falta de materia. Con la imagen intangible, liberada de su soporte, culminaba un largo recorrido, iniciado con su desprendimiento espacial, para ocupar y confundir la realidad en un plano ya muy lejos de ser sagrado. En consecuencia, el arte se desligaba de lo perdurable.
La perdurabilidad de los soportes con respecto a la efímera vida humana, había permitido a las imágenes representar a los dioses, y en este gesto, ellas mismas, como símbolo de un dios inmutable y ubicuo, se sacralizaron. La reproducción de Santa Rita en una estampa conservaba todos los atributos de la imagen original que, asimismo, conservaba todos los atributos, toda la autoridad, otorgada a dicha santa. Por este camino la imagen fue adquiriendo esa ubicuidad reservada a los entes sagrados a quien representaba. En toda ganancia hay una pérdida y viceversa. En la conquista de la ubicuidad se fue perdiendo el otro don de lo sagrado, la perdurabilidad, y así, nosotros expulsamos de nuestra ya inestable red de valores, el de la permanencia.
Transitamos de la contemporaneidad (tiempo) a la ubicuidad (espacio) en un solo cambio de siglo. Si el siglo XX fue un tiempo ubicuo para el propio tiempo, donde el presente en forma de hecho se esparció hasta la inflación, acortando los campos de visión hacia atrás o hacia delante, el siglo XXI se inicia con la ubicuidad del propio espacio, si eso puede llegar a comprenderse: la personalidad múltiple del espacio tiene sus consecuencias en nuestra propia des-ubicación. Y el largo trayecto de las imágenes tendrá algo que ver con eso.
Desde SCAN, manifestación fotográfica que acaba de nacer, promovida por el Departament de Cultura i Mitjans de Comunicació, os invitamos a reflexionar entorno a la ubicuidad de la imagen y a sus consecuencias sociales, artísticas, psicológicas… y a dialogar en base a este punto de partida en el marco de la edición cero.
Agradecemos a KRTU el entusiasmo inmediato por el proyecto y su organización, así como a VilaWeb, por haber hecho posible convertir en ubicuo un diálogo sobre la ubicuidad.
A Christian Caujolle, Joan Fontcuberta y Radu Stern os deseamos que lo disfrutéis. Y que a todos nos enriquezca.



